martes, 10 de febrero de 2009

ALDO ROSSI

A mediados de los 60, Aldo Rossi publica “La Arquitectura de la Ciudad”, reflexión teórica cuyas raíces pueden rastrearse en la arquitectura italiana de los años 50 y en las ideas desarrolladas por Ernesto Rogers en la revista Casabella Continuitá.
En su obra Rossi plantea los tres elementos que componen la ciudad:

· La Trama: el elemento de mayor permanencia y en consecuencia el que más fuerza tiene en la determinación de la ciudad.
· El Tejido: se configura por la consolidación de las tipologías residenciales que van definiendo áreas caracterizadas según los tipos predominantes en cada una de ellas.
De acuerdo a este modo de considerar la ciudad, el borde no consolidado sería una periferia inorgánica, en donde pueden producirse operaciones de consolidación por el traslado a ellas de las morfologías propias de las áreas centrales.
· Los Monumentos: edificios que por su singularidad se transforman en los soportes de la memoria colectiva ya que resumen la imagen de la ciudad en cada época.
Sus formas, técnicas y materiales intentaron marcar un tiempo histórico y simbolizan, mediante un objeto permanente, las creencias e ideales de la formación social concreta que los produjo.

Todos estos elementos se heredan por consolidación de las formaciones urbanas del pasado.
De acuerdo al planteo de Aldo Rossi, las ciudades son organismos que pueden ser controlados y que deberían permanecer casi invariables en su morfología, pues la producción tipológica del tejido puede refuncionalizarse, modificarse tecnológicamente o incluso densificarse, pero no debería cambiar.
El problema no se plantea en términos de funciones porque si bien la forma puede permanecer inalterada, las funciones pueden variar a lo largo del tiempo.
Rossi deduce que la ciudad se materializa a través de los edificios, entre ellos el espacio urbano, en principio, un hueco sin relevancia.
Esto le permite plantear un Método de Diseño, que al asegurar la belleza perfecta de los edificios, asegura al mismo tiempo la belleza de la ciudad y esto es así porque para Rossi la obra de arte total es la ciudad.
Para diseñar los edificios utiliza un proceso de descomposición y recomposición. Los edificios se componen de partes elementales que llama piezas. Cada pieza tiene una forma arquetípica que le es propia y que proviene de la historia (por ejemplo, su clásica ventana cuadrada). El arquitecto debe ser capaz de reconocer esa forma arquetípica para usarla siempre del mismo modo, con indiferencia de cual sea la función del edificio en el cual se las aplique.
En un segundo paso las piezas deben combinarse de manera tal que no interfieran entre si, dando lugar a formas arquitectónicas perfectas, por ser piezas que se aplican en los volúmenes de la geometría racional perfecta (cubo, cono, esfera, etc.).
De estas posturas teóricas, junto a las investigaciones del Linch acerca de cómo percibimos la ciudad, se produjo un método de interpretación que fue denominado Ciudad Análoga.
Este concepto refiere a la tendencia a recordar, no sus totalidades, sino fragmentos significativos, especialmente de Monumentos, los cuales son recompuestos para dar lugar a una imagen personal y subjetiva de cada ciudad (por ejemplo las postales con varias fotos pequeñas de ventanas, plazas, farolitos de Montevideo o Punta del Este).
En concursos como Roma Interrota (Roma Interrumpida) numerosos arquitectos plantearon su vivencia de esta ciudad.

URBANISMO DEFENSIVO
Este paradigma refiere a las acciones de salvaguarda del patrimonio histórico, cultural y material, en el cual predomina más un deseo de conservación que de transformación.
Esto se traduce en una actitud que tiende a la prohibición más que a la propuesta. Se actúa preferentemente en lo existente, privilegiando la cautela en los centros históricos, en las áreas arqueológicas y en las áreas naturales escasamente intervenidas por el hombre.
Se plantea el complejo juego entre cambio y memoria, siendo frecuentemente rígido en la asunción de lo nuevo.
Probablemente la operación más característica de este paradigma fue la Reforma del Centro de Bolonia de comienzos de la década del 70, bajo la dirección del arquitecto Cervellatti.
La operación se realizó en el centro histórico de la ciudad, sobre más de 100 manzanas. En la primera etapa se hizo un relevamiento tipológico para determinar los tipos históricos predominantes.
En la etapa de ejecución se liberaron los centros de manzana, creando en ellos espacios verdes, a veces con escuelas elementales (jardín de infantes, guarderías) y se eliminaron de las viviendas agregados que se consideraban abusivos, reequipándolas con nuevas baterías de baño y cocina.
Por último fueron restauradas una por una, y con técnicas artesanales, las fachadas, para conseguir una idealizada imagen medieval (en Montevideo se realizó una intervención similar en el Palacio Santos, incluso se trajo tierra de color desde su lugar de origen en Europa).

NUEVO URBANISMO URBANO
Este paradigma pone el acento en la forma física, la cual se reconoce como un valor a ser controlado y recompuesto.
El territorio se describe como una cosa concreta, con sus diversas modalidades de generación e historicidades, con actuaciones urbanísticas de distinta naturaleza que apuntan a completar un asentamiento concebido por fragmentos, los cuales serán recompuestos según una concepción de reequilibrio del territorio.
Predominarán las operaciones de calificación de las distintas partes del territorio, incluso de las periferias, donde se recrean dispositivos y valores urbanísticos propios de las áreas centrales.
A comienzos de los años 70 se realiza, en las afueras de Milán, el Barrio Gallaratese, con tres edificios de Aymonino y uno de Aldo Rossi. La tipología de los edificios fue la de las casas en galería, típicas de los centros de las ciudades de la Lombardía.
Los tres bloques de Aymonino se juegan a una imagen de diversidad, asimetría y color, que busca recrear la variedad de los centros residenciales tradicionales. El bloque de Rossi por el contrario, se maneja con la uniformidad de una composición obtenida a partir de piezas arquetípicas.
También a comienzos de los 70 Aldo Rossi diseña la Ampliación del Cementerio de Módena. El antiguo cementerio es neoclásico y como se acostumbraba por aquellos arquitectos, estaba diseñado como una ciudad ideal de los muertos.
Rossi realiza la ampliación con el mismo criterio pero de acuerdo con los componentes que había identificado en “La Arquitectura de la Ciudad”.
La Trama fue un trazado ortogonal y dentro de ella se ubicaron el Tejido en forma de filas de nichos y tumbas, y los Monumentos: un cubo correspondiente al osario (fosa común de los huesos) y un cono, que corresponde a la chimenea del crematorio.
Para los nichos utilizó la misma imagen que el bloque del Barrio Gallaratese, solo que con más color y con techo a dos aguas, para enfatizar el concepto de casa. Con este tratamiento trata de demostrar la eficacia del método compositivo neorracionalista, el cual no diferencia si la residencia es para vivos o para muertos.
A fines de los 70, se plantea en Berlín una operación de reconstrucción de la ciudad a gran escala, encarada como exposición internacional de arquitectura (IBA) aún en desarrollo.
Los criterios generales son los de recomponer la forma urbana del Berlín histórico afectado por la guerra, mediante la construcción de viviendas de interés social y sus equipamientos.
En cada sector de la ciudad se debe atender a las preexistencias, manteniendo las características tipo–morfológicas así como las relaciones de altura y alineación.
La primera etapa se va a desarrollar entre 1977 y 1990. Tras la caída del Muro de Berlín, las operaciones se radicaron preferentemente en los sectores que éste había afectado y en lo que había sido Berlín Oriental.
En 1980 Rob Krier dirige la recomposición de una manzana en la zona del Tiergarten Sur, sector sur del Parque Central de Berlín, sobre la Rauchstrasse.
Esa zona antes de la guerra era una zona de embajadas y de villas de clase alta. Sólo había quedado en pie el antiguo edificio de la Embajada Noruega sobre uno de los ángulos de la manzana.
La reconstrucción se realiza con edificios de vivienda implantados como bloques, cada uno en su propio espacio verde, la mayoría con detalles en la parte superior que recomponen el aspecto de los miradores de las villas.
En la esquina contigua a la Embajada Noruega, un edificio de Aldo Rossi, con mirador propio, recompone el ángulo con forma de L, opuesta a la de la embajada.
En el otro extremo de la manzana, Krier completa la composición con un edificio en cada esquina unidos por un tercer edificio curvo como entrada al espacio verde en el interior de la manzana.
manzana.

Rob Krier dirige una Conjunto en la Friedrichstadt. Esta operación se realiza en una zona donde el tejido original era los Caserne, típicos edificios de vivienda especulativos centroeuropeos construidos en los bordes de los predios, con patios interiores.
Se atendió especialmente al diseño de los patios como espacios para la vida vecinal. Se busca incorporar elementos del entorno como el color, la forma de los elementos y la composición de las fachadas, en las cuales se incorporaron buñas en la base.

En los concursos de los 90 se mantuvo la política urbanística definida desde el comienzo. En 1993 gana el concurso para el Museo Nuevo el arquitecto italiano Giorgio Grassi.
Durante la guerra, el Museo había perdido dos alas de un edificio de planta rectangular, ordenado con dos patios interiores. Grassi recompone la parte perdida con una construcción de ladrillo que mantiene el ritmo de aberturas y las líneas del edificio original, aunque sin imitar el estilo clásico original.
La segunda parte del proyecto consistía en conectar el Museo Nuevo con el de Pérgamo. Este sector se realiza como un volumen de ladrillo que funciona visualmente como base del primer edificio y que aparece como totalmente neutro entre los edificios neoclásicos.